Claves para la redacción de un texto médico de calidad

La preparación

Antes de sentarse a escribir cualquier texto médico, el primer paso es definir el objetivo del mismo y el público al que va dirigido. ¿Es un artículo científico destinado a personal sanitario cualificado, en el que vamos a plasmar resultados o novedades de investigaciones recientes? ¿O queremos divulgar información técnica a un público no formado en el tema, que puede tener dificultades para comprender lo que queremos transmitir? Con esta primera cuestión aclarada, ya sabemos que tendremos que adecuar el lenguaje y adaptar los términos técnicos.

La redacción científica emplea un estilo propio que es claro, conciso, preciso y formal. El estilo científico pretende informar de manera objetiva, formulando hipótesis, relatando hechos y hallazgos, y comunicando conclusiones. Como pretende ser informativo, el texto médico usará un lenguaje escogido y meticuloso. Se prefiere la voz impersonal o la primera persona del plural en función del tipo de artículo que se escriba, usando las voces verbales activas en lugar de las pasivas. Las frases deben ser cortas y sencillas, huyendo de composiciones complejas que fusionen más dos ideas, porque obligarán al lector a leerlas varias veces. En la medida de lo posible, es aconsejable buscar sinónimos para evitar repetir continuamente los mismos términos a lo largo del texto.

La estructura

Si se está escribiendo un artículo científico para una revista, inevitablemente hay que seguir las normas que esta exige para su publicación. Cada editor establece el formato de sus publicaciones, incluyendo su estructura, el formato de los pies de imagen, la forma de citar la bibliografía, etc. En los artículos para las revistas médicas que reflejen los resultados de estudios de investigación, la estructura clásica a seguir es (salvo que se indique lo contrario) el IMRyD: introducción, materiales y métodos, resultados y discusión. También se suele añadir un breve apartado con las conclusiones, y un resumen al comienzo del todo con el resumen o abstract que sirve para incluirlo en las búsquedas y que los lectores puedan tener una idea general sobre el artículo.

En otros tipos de textos científicos, como en los destinados a la divulgación o en los periodísticos, se recomienda seguir una estructura de pirámide invertida: la información más importante se ofrece primero, y se va desarrollando el artículo en orden decreciente de relevancia.

La documentación y las fuentes

Hay una enorme variedad de textos médicos que se pueden redactar: artículos para revistas revisadas por pares (peer-review), resúmenes (abstracts), pósteres y comunicaciones para congresos, protocolos clínicos, consentimientos informados, hoja de información a paciente, informe final de resultados, informes de ensayos clínicos, materiales educativos, contenidos para sitios web, boletines de noticias, capítulos de libros, o servicios de redacción médica reglamentada en general (asociada a protocolos de investigación en la industria farmacéutica), etc.

Para cualquier texto médico que se escriba, es fundamental saber documentarse y acudir a las fuentes adecuadas. Algunos tipos de textos están fuertemente supervisados por la legislación y sometidos a normas de calidad muy exigentes, por lo que es imprescindible ajustarse a ellas. Por ejemplo, conviene conocer y seguir las directrices y guías éticas de las publicaciones científicas (Good Publication Practice Guidelines).

También es recomendable citar siempre las fuentes que se hayan consultado al redactar un texto médico. Los artículos médicos y los textos más formales siempre lo exigirán, pero también es bueno hacerlo en los informales, ya que citar las fuentes consultadas es un gesto de respeto hacia los autores consultados. Las revistas suelen tener sus indicaciones sobre la forma de presentar las citas bibliográficas, pero también debemos conocer los sistemas generales de citación bibliográfica: el sistema de autor y año («sistema Harvard») y sistema de orden de citación (estilo Vancouver).

La revisión

Es muy fácil cometer errores cuando se redactan textos médicos, sobre todo cuando no se tiene mucha experiencia. Por eso, el mejor consejo que se puede dar es revisar, revisar y volver a revisar. La mayoría de las veces, cuando se acaba de escribir el texto, no seremos capaces de ver los errores. Lo ideal es dejar reposar el texto durante unos días y revisarlo con calma y sin interrupciones después. También es aconsejable pedir la opinión de otra persona que tenga más experiencia y que pueda aportar un punto de vista diferente, y que además será capaz de ver los fallos que la persona que ha redactado el texto no ha sido capaz de detectar.

Bibliografía y fuentes

Battisti WP, et al. Good Publication Practice for Communicating Company-Sponsored Medical Research: GPP3. Ann Intern Med. 2015 Sep 15;163(6):461-4. doi: 10.7326/M15-0288.

Carrasco G, Pallarés A. Publica o perece. Manual de instrucciones para escribir y publicar artículos en ciencias de la salud. Elsevier, 2017.

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